Ramón I. Martínez
Haciendo una relectura
del libro de ensayos Abigael Bohórquez. La creación como
catarsis, de Ismael Lares (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012),
es posible encontrar entrelíneas el espíritú indómito del poeta,
dramaturgo y promotor cultural Abigael Bohórquez (Caborca
1936-Hermosillo 1995). Abigael aceptó, rebelde pues a todo límite,
la dura suerte de ser un poeta en la semipenumbra del siglo veinte,
que empieza a ser reconocido en estos inicios del siglo veintiuno.
Poeta de culto, su obra
ha sido escasamente abordada por la crítica. Tenemos por ejemplos el
trabajo de de tesis de maestría de Ana Álvarez, el libro Abigael
Bohórquez: Pasión, cicatriz y relámpago del
Dr. Miguel Manríquez, así como el ensayo que Hernán
Bravo Varela dedica al poeta en su libro Los orillados.
En efecto, Bohórquez ha sido orillado por las principales antologías
de poesía del pasado siglo y por la crítica, académica o no, a
permanecer casi oculto. Es una voz que se niega al olvido. De ahí el
valor del libro de Ismael Lares, joven crítico que da fe del
descubrimiento de una voz que se niega al olvido.
“Poeta
a imagen y semejanza de la poesía” como lo calificara Efraín
Huerta en el poema-prólogo de Las amarras terrestres
(1969), poemario fundamental en
la obra del caborquense. Fue un poeta hijo de la modernidad, por lo
mismo relegado, a la vez que crítico de la injusticia y desigualdad
sistemáticas. Cantó su amor, abiertamente homosexual, lo que le
acarreó no pocas malquerencias y ninguneos. Fue la suya una poesía
de múltiples influencias, como los Siglos de Oro, la Generación de
Contemporáneos, la Generación de 1927.
La
poesis aristotélica
es un concepto que Lares toma como preámbulo en el ensayo inicial de
este libro, “La creación como catarsis” y señala: “Un
elemento necesario en la creación poética es la capacidad para
desbordar la conciencia, aceptar la creación como una catarsis
(catharsis para
definir el acto de purgación de las emociones) del pensamiento
innovador” (p. 10) No sé hasta qué punto exista una purgación de
las emociones en la poesía bohorquiana, puesto que “catarsis” es
un término que Aristóteles liga más con la poesía dramática que
con la poesía lírica, pero es notable que ésta es admirada como
dadora de vida, de renovada vigencia y avasalladora. Más que purgar
las emociones, las comunica y es en el lector donde ocurre la
catarsis, un purgar sus propias inquietudes para identificarse con el
poema y, como dice Lares, busca Abigael “renacer a una nueva vida
que se le brinda en el ejercicio poético”, a la manera de los
misterios de Eleusis de la antigua Grecia.
Hace
cincuenta años
que
nací pedigüeño de amor,
y voy
de paso
al
paso
antojadísimo
de
que al menos tú, Muerte,
no me
abandones.
Estos
versos de Poesía en limpio (1990)
son un testimonio del recurrente memento mori
que tuvo Abigael Bohórquez desde su primer poemario, Ensayos
poéticos (1955). Ya desde
joven perfilaba el amor y el desamor, así como la denuncia y la
protesta, en un poema tan celebrado como “Llanto por la muerte de
un perro” (1957). Éste es un poema antológico, que es un canto de
amor, es una elegía, una protesta y una denuncia social. En palabras
de Ismael Lares, es “el poema entonces un punto de reconciliación.
La catarsis como liberación y reencuentro. Muerte y renacimiento
cotidiano. La expulsión y liberación de sentimientos es una
catarsis. Abyección como método catártico para la purificación
del ser”. La abyección puede ser tomada en el sentido de
humillación. Aquí Lares habla de la “escisión elemental entre
lo agradable y lo desagradable”. (p. 19) Fue Abigael un ser
desagradable o incómodo para la cultura oficial: abyecto. Pero él
lo eligió así, al alzar la voz para manifestarse tal cual era,
levantando su amor a plena luz, en media calle. Abiertamente gay, con
un homoerotismo que escandalizó a la conservadora sociedad mexicana
de entonces. Y de hoy.
“Quizá
la verdadera vocación de Abigael haya sido la de rebelde” (p. 25)
Así pues, decidió ser un transgresor consuetudinario a las normas
de comportamiento convencional, según lo declara en su texto
“Corazón de naranja cada día” (1993), donde el ya maduro poeta
hace una rescisión de su propia trayectoria, que no desentona con su
declaraciones de principios anteriores, incluidas en su poemario Acta
de confirmación (1966).
Dentro
de su amplio registro temático, Abigael tiene no sólo el
homoerotismo y la poesía de protesta. También están los poemas
civiles (donde se canta a héroes olvidados), el amor al desierto
natal y a la aquilina tribu, y destaca el amor a Sofía, su madre. De
todo esto pasa revista Ismael Lares, quien aunque no pretenda hacer
un tratado exhaustivo de la poesía bohorquiana, sí ofrece una
panorámica bastante interesante de la misma. Pertenece Ismael Lares
a la estirpe de los críticos que se abocan al descubrimiento de
Abigael Bohórquez. Un libro que se agradece y que han de agradecer
las nuevas generaciones de lectores del vate sonorense. Demos tiempo
al tiempo.