sábado, mayo 30, 2009
miércoles, mayo 27, 2009
domingo, mayo 17, 2009
Escalar planicies

En su libro Allá en el campus grande (Tusquets, 2000), Guillermo Sheridan utiliza esta frase, "escalar planicies", para referir la tendencia a abaratar (en el mal sentido) la educación, abaratamiento que implica bajar niveles de educación. Encontré un reportaje que, a su modo, alude a ese abaratamiento anti-intelectual:
viernes, mayo 15, 2009
blog (con dedicatoria especial a mi musa, natural born writer)

Por razones que me son del todo ajenas (pudiera alegar ira perpetua, furor brevis, excesivas obligaciones, el cochi volador o cualquier otra quimera con barbarijo) este blog se ha "olvidado de sí mismo". Algún duende me decía: deja de rascarte las pelotas y mejor escribe o cancela tu cuenta.
Indeciso y fiel a mi costumbre, seguí de largo para que las cosas se resolvieran por sí mismas y me dieran de palos y me dijeran palero (llevo décadas de victimismo impune). Y como siempre que el marasmo de la abulia me mantiene despatarrado y porrista, vino en mi auxilio la iluminación, una voz contraria a ese duende que me atosiga desde la infancia (ensoñación). No me decido por nada (eso al menos es lo que parece), pero ya me aburrieron dos circunstancias (una gozosa, otra dolorosa):
1. esta ludibria está repleta de ocasionales festinaciones celebratorias de amores y amistades transparentes.
2. pobre ludibria amenazaba trastornarse en perpetuo obituario y caza de citas- Eso de "caza de citas" es una de las frases que más recuerdo de Paco Luna, ubicuo ensayista y poeta, muy dilecto maestro.
Vuelvo al punto: parece que sin querer una iluminación arregló las inercias negativas: leí hoy con especial atención el último post de mi amigo Sicofante.com y me tomo la libertad de citarle (ah, la impostergable caza de citas):
Por otra parte, creo que el blog, al ser un acto comunicativo un tanto exhibicionista, permite el desarrollo de un contacto íntimo entre personas lejanas que, muchas veces sin conocerse, desarrollan una forma incorpórea de amistad. Aquí mismo he trabado cercanía con personas cuyo rostro no he visto ni en fotografías pero que, cuando recibo sus mensajes, provocan en mí una infinita alegría. Comunicarse así, tan a las ciegas, elimina prejuicios y focaliza la relación en un núcleo esencial: la verbalización, la verdad enunciativa.
Por otra parte, según me comentaba mi querdo Álex (y luego citó en su mencionado blog): "Nada obstruye tanto el camino hacia la adquisición de una voz propia como el pudor. "
Eureka. He ahí la causa de mi abandono escritural (que temo tanto que a veces sin querer lo convoco): pudor. Accederé por la escala de Jacob llamada "Logocracia" (por Dios, esta palabra me produce pudor, pues ya fue definida inmejorablemente por George Steiner). A través de esa escala tantas veces malentendida por quien nada tiene que decir más que aire jediondo, quiero ascender, poniéndome como divisa (parafraseo a David Bronstein): "la esencia de la escritura es pensar qué es la escritura".
"Gens una sumus" reza (¿rezaba?) el lema de la FIDE. Somos una familia. Si me callo, estoy fuera del banquete. No es que no tenga algo qué decir: es el pudor hierático de quien tropieza por excesivas genuflexiones ante el Santísimo Logos. Gracias a quien se tome la molestia de leerme así sea para asomar su feroz anonimato para insultarme --no puede ofenderme, pues creo en la sangre común del astro y la basura.
Una raya más al tigre: Ignacio Mondaca

Triunfador del Libro Sonorense 2009 (cuento) con El diluvio y otros cuentos. Es autor de un blog celebérrimo (http://humphreybloggart.blogspot.com/)
Felicidades a nuestro admirado amigo Mondaca
foto: Mondaca en sus años mozos
Nuevamente laureles:Miguel Manríquez, LibroSonorense 2009 (poesía)

Gloria de las letras sonorenses, con Zarabanda (obra triunfadora por unanimidad) Manríquez refrenda su categoría como mejor poeta vivo de Sonora. Esperamos pronto ver editados sus versos, habitualmente barrocos y lezamianos. Un abrazo inmenso para quien es maestro y luz de varios poetas de mi generación.
a la derecha: el poeta viajando por Grecia.
http://www.isc.gob.mx/noticias.php?id=1470
miércoles, mayo 06, 2009
martes, mayo 05, 2009
De la Filosofía, Educación e Instituciones en México y Heriberto Yépez
Esta es la respuesta del genial escritor tijuanense Heriberto Yépez a cierta Carta que le fue enviada desde la Secretaría de Educación Pública, ¿la razón? el escritor hizo un comentario a propósito de la salida de la materia de Filosofía de los programas de la Secretaría.
CARTA A LA SEP
Norma Cruz Hernández
Enlace de Comunicación Social
Subsecretaria de Educación Media Superior
Secretaría de Educación Pública
Estimada Norma,
Es la segunda vez que recibo su amable carta en una misma semana en relación con lo dicho en mi columna del suplemento cultural Laberinto, del diario Milenio, el pasado sábado 11 de abril (http://impreso.milenio.com/node/8558757) titulado “La SEP desaparece filosofía”, donde abordé el tema de las últimas reformas educativas que abren el camino para la eliminación de la filosofía dentro de la enseñanza pública.
Por su insistencia, infiero que espera de mí algún comentario o rectificación. Así que espero corresponder a su gentileza, dándole aquí mi más sincera respuesta.
Pero será extensa. Porque extenso es también lo que está siendo tocado.
He releído varias veces el documento —el Acuerdo 444— que usted me anexa y que me sugiere indica que “La reforma al nivel de educación media superior en ningún aspecto contempla la eliminación de las materias de filosofía”, como dice en su carta electrónica.
Pero, con anterioridad, asimismo, he consultado repetidamente ese Acuerdo y otros documentos relativos a la Reforma Integral a la Educación Media Superior (RIEMS). No negaré que el lenguaje burocrático de tales documentos es un tanto confuso. Incluso a mí que tengo alguna destreza destrabando lenguajes técnicos me parece ambiguo lo descrito en dicha Reforma, pero una cosa sí resulta clara: la filosofía no será una materia básica dentro de la enseñanza de educación media superior.
Cito textualmente del Acuerdo 442, aparecido en el Diario Oficial el 26 de septiembre, que dice en una de sus notas:
“Otras disciplinas como Filosofía, Ética y Lógica no se incluyen por ser de carácter más bien transversal, pero no por ello se asume que sean de menor importancia. En el marco del Sistema Nacional de Bachillerato podrán incluirse como asignaturas si así se considera pertinente”.
A menos que se desconozca la propia Reforma, es evidente la salida de la filosofía del Sistema Nacional de Bachillerato recién formado, pues deja abierta la puerta a su exclusión y, en el mejor de los casos, a su paulatina y completa extinción.
Esta decisión deja a la filosofía y sus ramas en un categoría de menor importancia o, al menos, en una situación muy vulnerable y abierta a su completa desaparición dentro de la educación media superior, porque pretender que se puede enseñar filosofía “transversalmente” es tan irreal como pretender que “transversalmente” se podría enseñar matemáticas o inglés. Afirmar que la filosofía sigue realmente presente después de esta reforma o es una triste simulación o una grave ingenuidad.
Creo que ahí se localiza la zona un tanto incierta que puede ser usada para alegar que la Secretaría de Educación Pública no desaparece la filosofía, como usted parece sugerir en su amable carta dirigida a mí e, imagino, a otros.
Sé que se podrá alegar que la SEP deja la opción que se imparta materias de filosofía en los planteles que así lo decidan y que, además, en todo caso sus contenidos o formas se funden de manera transversal en las materias obligatorias.
Pero, francamente, eso no es del todo realista. Y recordemos que lo que la filosofía verdadera busca es construir un nuevo realismo, más allá del realismo burocrático, del realismo cristiano y del realismo cínico.
Y lo realista aquí es que esta Reforma estimula que la filosofía desaparezca y, peor aún, su desaparición misma sea desaparecida, es decir, se alegue que no desapareció, que sigue ahí. Y eso, por lo menos, se presta a ser considerado deshonesto o desinformativo.
Hablemos claro. La educación mexicana está en un momento muy grave. No sólo los resultados de los estudiantes mexicanos dejan mucho qué desear, sino también los resultados mismos de los profesores, como una prueba nacional reciente demostró.
Pero, ¿cuál es la causa real de esta crisis de la educación en México? Esa crisis hay que buscarla dentro y fuera de las aulas.
Dentro: el profesor mexicano perdió su visión. La visión que Vasconcelos, el fundador de la SEP —un filósofo, el mayor filósofo que ha dado México— le dio: la educación como liberación. Educar para Vasconcelos significaba ascender, “desarrollar la sensación primaria espiritual”, escribió en 1932.
Y, en uno de sus discursos como secretario de Educación Pública en 1921, dijo: “Es legítimamente maestro el que trata de aprender y se empeña en mejorarse a sí mismo. Maestros son quienes se apresuran a dar sin reserva… Uno que ya pasó por distintas pruebas y no ha perdido la esperanza de escalar los cielos, eso es un maestro”
Y añadió: “Si borramos de nuestra conducta la palabra transacción, si no transigimos no con la verdad a medias ni con la justicia incompleta ni con la fama usurpada, entonces seremos verdaderos y ejemplares maestros”.
Entonces, comencemos por esto. La Secretaría de Educación Pública, desde hace décadas, desde hace ya demasiado, ha fomentado la desaparición del maestro. Ha olvidado la visión vasconceliana que le dio origen.
Para darle un solo hecho terrible, un hecho descomunalmente vergonzoso. La alianza entre la Secretaría y la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, alias “La Maestra” —y nótese la burla que este apodo significa a la definición vasconceliana, nótese la parodia— es uno de los impedimentos más grandes para que existan verdaderos maestros en México.
Lo que una parte hegemónica del SNTE ha hecho posible es que el maestro esté atado y él o ella mismos no puedan superarse ni mucho menos, por ende, enseñar a los niños o jóvenes a superarse. No ya digamos espiritualmente sino incluso en lo material.
(Si usted desconoce la corrupción de “La Maestra” le recomiendo lea el libro Los socios de Elba Esther, de Ricardo Raphael).
No se aluda a las recientes reformas como algo que coadyuva hacia tal rumbo, porque esa lideresa es el símbolo mismo de todo lo que está mal en la educación en México. Es una pena, una afrenta contra los mexicanos que sea ella quien represente a los maestros.
Y lo peor es que quizá sí nos presenta. Quizá el maestro mexicano está tan degradado que una figura tan corrupta como Elba Esther Gordillo es un perfecto retrato del maestro mexicano.
En cualquier caso, para que la educación en México tome un nuevo rumbo, un rumbo de progreso, todos nosotros lo sabemos, se necesita que en el corto plazo Elba Esther Gordillo salga del poder.
Algo difícil, dado que todo indica que el Presidente Felipe Calderón y La Maestra se sienten identificados.
La Maestra, pues, permanecerá en su puesto. Y está bien. A largo plazo es lo mejor que podría suceder.
Como también es lo mejor que la filosofía sea retirada, lentamente, de la educación pública mexicana, que la filosofía no participe de esta farsa.
Aunque habría que precisar antes que no es cierto que la filosofía no tenga “competencias”. Las tiene. Un estudiante de filosofía aprende, por ejemplo, a reconocer las mentiras de los discursos del gobierno. Aprende a sentirse indignado. La filosofía enseña a pasar de un estado de inercia ciudadana a un estado de descontento con el sistema.
Uno comienza hablando de filósofos griegos, alemanes, mexicanos y, de una manera u otra, o de todas, el filosofante, lenta o súbitamente, se da cuenta que el orden familiar, social, económico y político, el orden global, son parte de una esclavitud consciente e inconsciente que limita las fuerzas del hombre, que contrae el cuerpo, las emociones y la mente y, por ende, imposibilita al individuo a alcanzar la plenitud de su existencia, cuidar de sí mismo y sacar el país del atolladero.
La filosofía, sin embargo, tal como se enseña en los planteles no está dedicada a identificar y desarrollar las técnicas para pasar de la conciencia infeliz, la conciencia descontenta, a la acción radical que revolucione el orden global.
De hacerlo, tendría que combatir valores familiares y religiosos fuertemente arraigados y que son algunas de las causas directas de nuestro subdesarrollo psicohistórico.
La filosofía está inconclusa y ha sido tímida. Demasiado respetuoso de la índole reaccionaria de una parte de nuestra cultura popular y “cultura alta”.
Y eso, creo, ha dado pie a que se le juzgue inútil, o solamente una fuerza subversiva teórica, algo que estorba para la productividad, porque es evidentemente cierto que en un país como el nuestro, muchos jóvenes están increíblemente descontentos de ser discriminados y de no tener futuro y muchas veces la filosofía alimenta esas sensaciones o las despierta y, entonces, la filosofía en México se ha vinculado a la crítica de la religión católica, el gobierno y las televisoras, porque somos muchísimos los que creemos, millones, los que creemos que estas tres fuerzas son responsables de mantener al mexicano esclavo del pasado.
Pensar que la educación sucede principalmente en las aulas es un gran error. La educación se imparte en la familia, la Iglesia y la televisión. Es ahí donde deben dirigirse, sobre todo, las reformas educativas.
La educación sucede en cada acción que se reitera, pues el cerebro, por su estructura evolutiva, aprende todo aquello que es repetido.
Y lo que vemos reiterado en la estructura familiar mexicana, por ejemplo, es la sumisión de la mujer, su carácter de objeto sexual; a ella se le define repetidamente como un ser al que ni siquiera le pertenece decidir sobre su propio cuerpo. Y esto lo reitera la Iglesia católica mexicana. Y esto lo reiteran las telenovelas y la comedia de Televisa y TV Azteca y eso es la educación real, la educación repetida a todas horas del día, en millones de hogares, no sólo por los monitores y sus imágenes y palabras, sino también por las propias tradiciones (abusos y costumbres) de las familias mexicanas.
Cuando el expresidente Vicente Fox definió a la mujer como “una lavadora de dos patas” no sólo nos dejó ver la pequeñez de su espíritu e intelecto sino también, desgraciadamente, reflejó fielmente el machismo popular mexicano.
Y con una educación así, discúlpeme, pero no sólo no puede haber socialismo —un sistema que, confieso, no me agrada— sino tampoco puede haber capitalismo —un sistema que, confieso, tampoco me convence—; e insisto sobre la imposibilidad de un desarrollo capitalista porque sé que el gobierno que ustedes representen eso busca muy abiertamente y está bien que lo busquen, pero sería deseable que se dieran cuenta que no puede haber capitalismo en un país en que 100 millones de personas son diariamente adoctrinadas para reírse de sí mismos, para rebajarse irónicamente a cada oportunidad, para definirse como mujeres y varones de otras épocas, tal y como son definidos por la programación de las dos televisoras, la Iglesia Católica y toda la industria del espectáculo, incluida, por supuesta, la llamada música popular, que es uno de los medios de educación principales y probablemente el más retrógrado de todos.
Si le interesa conocer de qué manera la cultura popular, especialmente el catolicismo, imposibilita el progreso capitalista, le recomiendo un autor que la izquierda mexicana detesta, pero que, paradójicamente, demuestra que los valores de la derecha mexicana, su visión tradicionalista, son las trabas principales para que haya capitalismo en México; lea, pues, cualquiera de estos libros de Lawrence E. Harrison Who Prospers; Underdevelopment is a State of Mind o Culture Matters. (Este último, por cierto, coescrito con Samuel Huntington, el mismo autor que teme que los valores mexicanos católicos tradicionales se popularicen en Estados Unidos y debilitan, por ende, su prosperidad y economía).
Personalmente no estoy de acuerdo con muchas ideas de estos libros, pero se lo recomiendo porque es un autor preferido por quienes apoyan el avance capitalista. Pero si usted prefiere la ciencia le recomiendo leer a Freud, Jung, Horney, Maslow, Lacan, Perls o Naranjo, que desarrollaron técnicas de interpretación y transformación que hoy son impartidas en universidades de todo el mundo para lograr el autodesarrollo del ser humano, hacia la dirección que éste desee. Inequívocamente, estos científicos de la psique humana nos indicaron que valores como los que defiende su gobierno impiden el progreso espiritual y material del hombre.
México no se podrá prosperar mientras los valores tradicionales, que reafirman la Iglesia, el gobierno de derecha o izquierda y las televisoras no se detengan.
Así que creer que la educación de los jóvenes sucede en las aulas es una ingenuidad. O un ocultamiento.
Cualquier reforma educativa real tiene que implicar la transformación no sólo del sistema escolar sino la transformación de los valores tradicionalistas de la familia mexicana, pues estos impiden la autorrealización del individuo, al estimular, en cambio, la represión sexual, el sacrificio, la culpa, la abnegación, el silencio, el sometimiento y el conformismo.
El sistema escolar mexicano, pues, si quisiera cooperar para el desarrollo del capitalismo debería enfocarse a estimular a los jóvenes a abandonar las creencias religiosas y valores conservadores, moralistas y machistas que impiden el progreso individual y nacional.
Hace algunos párrafos de esta carta decía que un primer paso para sacar a la educación mexicana, un símbolo que se lanzaría de su renovación real, sería la salida de Elba Esther Gordillo, pues ella representa el pasado autoritario, el PRI en todos sus peores aspectos y su transformación de nuevo aliado del gobierno del PAN y de compañero de juegos del PRD, otro de los responsables de este desorden.
Y decía que no soy ingenuo. Sé que eso no sucederá.
Pero si estuviésemos listos para un profundo cambio, otro paso sería transformar la función de la televisión mexicana, cuya enseñanza diaria —que no podríamos llamar indirecta, porque es la más directa de todas— es una de las causas protagónicas de nuestro subdesarrollo psicológico y, por ende, económico.
Las televisoras deben comprender que denigrar la imagen que el mexicano tiene de sí mismo no es la única manera de divertir. Tienen que reconocer cómo están confirmando los clichés misóginos cada cinco minutos, cómo están enseñando al mexicano que educarse no tiene caso y, en cambio, el chisme, el espectáculo, el erotismo infantilizado, el albur, el enorgullecerse de la ignorancia, son algunas de las principales causas por las cuales no puede haber iniciativa individual, igualdad, felicidad sexual, competencia, eficiencia, libre mercado o empresas prósperas en este país.
La filosofía ha sido también responsable de todo esto. No ha renovado su estructura medieval. La filosofía en la antigüedad solía ser la transmisión de técnicas precisas para entrenar la mente y el cuerpo a formar un hombre completo, energético, sin creencias absurdas o reaccionarias. Después del cristianismo, estas técnicas, lentamente, cedieron su paso a una serie de competencias escolares en que la filosofía sólo sirve para comentar textos y discutir teoría.
Si usted está interesada en conocer cuáles son las técnicas de superación personal que la filosofía antigua desarrolló le recomiendo cualquier libro de Pierre Hadot o si quiere una lectura más compleja Hermenéutica de la subjetividad de Michel Foucault.
Y aunque la filosofía moderna, a pesar de su actual inercia medieval, despierta al cuerpo y a la conciencia en aquellas personas no lo suficientemente anestesiadas por la religión, el tradicionalismo familiar, los valores hegemónicos de las sociedades modernas y el espectáculo, de cualquier manera, su despertar ha sido insuficiente.
La filosofía necesita recapacitar. Y su salida paulatina del sistema oficial educativo será una gran oportunidad para hacer una radical autocrítica de cómo fue que la filosofía creó las ciencias y hoy, sin embargo, es vista como una materia escolar prescindible, optativa o “transversal”.
La filosofía más profunda es impopular entre una parte de la población. Exige concentración y gusto por lo difícil. Requiere esfuerzo.
No participa del populismo de los partidos, televisoras o religión. La filosofía no adula al estado de conciencia actual del mexicano. Lo cree un estado denigrado. La filosofía recuerda que hay otros orbitales de conciencia, más elevados que el que poseemos la mayoría de esta población, que está sumida en un estado infantiloide de conciencia, que sólo se mantiene debido a la insistencia de religión, medios masivos y gobierno para que ahí se estanque.
La filosofía, pues, agradece que se le saque de este sistema, aunque sea una salida un tanto confusa, como por la puerta trasera.
Sé también que el proyecto de desarrollo del gobierno mexicano actual no sólo es impulsado por empresas nacionales y transnacionales e intereses internos y geopolíticos, sino también por buenas intenciones equivocadas que no se percatan que el rumbo que están tomando es de nuevo una imitación pobre de modelos exteriores, que ni siquiera allá fuera están funcionando.
Pero, repito, qué bueno que todo esto suceda, porque a falta de filosofía que encauce el descontento de un sector de los jóvenes, estos jóvenes ahora buscarán otras vías de manifestar su crítica.
Esperemos que esas vías sean pacíficas y no criminales o violentas, porque eso sería un retroceso, seguir el juego de la represión gubernamental, religiosa y mediática. Pero no podemos saberlo, porque una vez que retiramos las vías intelectuales para encauzar la divergencia contra el orden imperante, las energías nuevas de los jóvenes decidirán sus propios rumbos, sin escuchar el consejo de lo que estamos más viejos.
Algo me dice que mi respuesta no es la que usted esperaba. Y que incluso mi respuesta podría ser molesta a algunas personas e intereses. Pero como filósofo, escritor y mexicano autocrítico quiero pensar que también muchos mexicanos saben o sospechan que lo que todos queremos es salir de esta situación de pobreza espiritual y económica, este desorden ético y político, y también quiero pensar que saben que:
1) La educación en México debe estar representada por individuos intelectual, espiritual y éticamente sobresalientes, y no por figuras como Elba Esther Gordillo;
2) Las televisoras deben asumir su responsabilidad histórica, desde su alianza con el régimen priísta y hoy con el espectáculo político tripartidista y su actual denigración populista del mexicano; deben comprender que los valores tradicionalistas y populistas que reafirman en su programación y actitud nos mantienen en el subdesarrollo;
3) Si quieren desarrollo capitalista, deben ser renovados los valores que lo impiden: principalmente, valores católicos tradicionales; y dentro de las aulas dedicarse materias a practicar técnicas filosóficas, psicológicas y éticas que permitan que los jóvenes mexicanos se separen de los valores familiares y culturales que impiden su avance, sin que se permita que los intereses de partidos políticos de izquierda o derecha, religiones o credos cualesquiera, impidan dejar atrás estas estructuras anticuadas y opresivas;
4) Disciplinas como la filosofía deben renovarse radicalmente y retomar su liderazgo espiritual al reinventarse como técnicas profundas de transformación de la vida interna y externa del individuo y llevar estas enseñanzas a las masas, a través de la escuela o cualquier medio posible que el futuro ponga a su alcance, incluidos los medios, que son hoy la principal vía para transmitir toda clase de enseñanzas, negativas o positivas, para la formación del hombre.
Estas son las reformas que esperamos. Estas son las reformas educativas que algún día llegarán, no para nosotros, porque al parecer nosotros no contamos aún con la suficiente fuerza o visión para comprender cuál es el paso siguiente, pero esa visión y fuerza ya comienzan a despertar y tomarán el poder algún día y esa será la verdadera revolución mexicana, que puede ser paulatina o súbita, una revolución que primero será espiritual y después será política.
No le quito más su tiempo. Sé que las actividades del día apremian.
Ojalá sus reformas sean llevadas a sus últimas consecuencias. Eso, a final de cuentas, probará lo errado de las medidas tradicionalistas, antihumanistas, antiprogresivas y, repito, anticapitalistas, que está tomando el gobierno y, por ende, su fracaso acelerará el proceso de transformación total.
Saludos cordiales,
Heriberto Yépez
miércoles, abril 29, 2009
La duda fructífera
Una noche, por truculencias del azar me vi en la residencia del rector de una prestigiosa universidad norteamericana. Esa noche se habían dado cita allí numerosos escritores de fama mundial. Una de las figuras que más me aterrorizó fue la de Carlos Fuentes; aquel hombre no parecía un escritor, sino una máquina computadora; tenía una respuesta exacta y al parecer lúcida para cualquier problema o pregunta que se le planteara; lo único que había que hacer era apretar un botón. Los profesores norteamericanos proliferaban por allí en una forma alarmante y además, cada uno llevaba, como los enfermeros de un hospital, una gran chapa metálica pegada al pecho donde aparecían sus nombres y títulos.Carlos Fuentes se expresaba en un inglés perfecto y parecía ser un hombre que no tuviera ningún tipo de dudas, ni siquiera metafísicas; era para mí lo más remoto a lo que podía compararse con un verdadero escritor. Aquel señor, elegantemente vestido, era una enciclopedia, aunque quizá un poco más gruesa. Muchos escritores de este tipo reciben grandes premios literarios, incluyendo hasta el Cervantes o el Nobel y pronuncian unas conferencias impecables.
Reinaldo Arenas, Antes que anochezca, Tusquets, 1992, p. 326.
viernes, marzo 27, 2009
El brujo de Autlán, de Antonio Alatorre

Confiesa Antonio Alatorre que su santo patrono es Luis González y González. De él nos dice que su microhistoria de San José de Gracia, Pueblo en vilo, estuvo a punto de llamarse, mucho más atractivamente, “Historia universal de San José de Gracia”.
Como muestra de esta devoción de Alatorre, se esfuerza con toda su habilidad de gran filólogo y rescata para nosotros un personaje singular y nos lo entrega en un libro (El brujo de Autlán, Aldus, 2001) el cual es, en efecto, un pedacito de microhistoria, esa disciplina que tanto gusto despierta en muchos nostálgicos.
La microhistoria no es historia crítica o monumental. Su cometido es mucho más humilde y sencillo. Como afirma Luis González y González “es la versión popular de la historia, obra de aficionados de tiempo parcial. La mueve una intención piadosa: salvar del olvido aquella parte del pasado propio que ya está fuera de ejercicio. Busca mantener al árbol ligado a sus raíces. Es la historia que nos cuenta el pasado de nuestra propia existencia, nuestra familia, nuestro terruño, de la pequeña comunidad”. A la mies microhistórica acuden operarios de muy desigual condición. Unos son eruditos como Alatorre, otros abogados, sacerdotes, médicos, poetas, políticos e incluso personas que apenas saben leer y escribir. Y sin embargo es posible rastrear en ellos algunos rasgos comunes: quizá el más notorio sea el ego emocional, la actitud romántica.
Aunque la microhistoria sea un saber humilde y sencillo —de lo cotidiano y familiar— no por eso carece de rigor científico. Todo microhistoriador busca afanosamente los datos reales en archivos tras una paciente investigación, porque lo que pretende es reconstruir lo más exacta posible la verdad. Las fuentes más frecuentadas por el microhistoriador son los archivos parroquiales, los libros de notarios, los vestigios arqueológicos, los cementerios, las crónicas de viaje, los censos, los informes de munícipes y gobernadores, estatutos, reglamentos, leyes, periódicos y tradición oral.
Es curioso leer lo que hizo y dijo el brujo llamado Marcos Monroy. Es una historia (microhistoria) escrita con todo el entrañable afecto que su autor puede sentir por su terruño Autlán, situado en el occidente del estado de Jalisco, a 200 kilómetros de Guadalajara, dos tercios de la carretera que va a Barra de Navidad.
Este relato lo reconstruye Alatorre a partir de investigaciones documentales que dan fe del proceso inquisitorial contra el tal brujo Monroy. Cita la colocación de la causa contra Marcos Monroy: Archivo General de la Nación, ramo Inquisición, volumen 711, expediente 7, folios 525 a 588 (pero los folios no son 63, sino 64, porque entre el 542 y el 543 hay uno sin numerar).
La causa contra Marcos Monroy es dividida por Alatorre en cinco etapas y un final. En la primera etapa (1699) se tiene como un tal Francisco Cárdenas, preso en las cárceles secretas de la Inquisición de México “por el delito de casado dos veces”, es llevado el 26 de agosto de 1699 a su segunda audiencia ante el temible tribunal, presidido por el inquisidor Juan Gómez de Mier. En esta segunda audiencia vuelve a referirse al tiempo que pasó en Autlán, y en cierto momento declara: “que, estando allí, oyó decir públicamente que un hombre español natural de dicho pueblo y casado en él, llamado Marcos Monroy, es brujo. Y otro vecino de dicho pueblo, llamado fulano Langarica y su mujer (que no sabe cómo se llama), dijeron a éste que dicho Marcos Monroy en una ocasión había dicho que...”
Lo que Langarica y su mujer le contaron a Cárdenas es que en cierta ocasión Monroy adivinó día y hora de llegada de una flota a Veracruz: era un visionario, que tenía fama en Autlán de fascinador y brujo, que curaba doncellas utilizando métodos poco ortodoxos que requerían la total discreción de la curada-sobada. Además de esto, Cárdenas hace ver en sus declaraciones que no es el único bígamo (no sean tan duros al castigarme) sino que probablemente Juan de Barahona y Gabriel del Prado también lo sean. Además, él no es brujo como Marcos. Todas estas denuncias aparecen como anónimas el 4 de diciembre de 1699, haciendo constar que Marcos supo mágicamente la llegada de la flota a Veracruz,; que no va a misa; y que, con su brujería, ayudó a “dicha cierta persona” a juntarse carnalmente con Ana de Contreras.
En las siguientes cuatro etapas prosiguen los interrogatorios inquisitoriales, involucrándose muchísimas personas como denunciadores y tejiéndose cada vez más la culpabilidad de Marcos Monroy, el brujo de Autlán. Es notorio cómo, después de todo, la inquisición en la Nueva España no fue tan cruel. Incluso era benévola con los indígenas y negros, pues a estos no se les perseguía por herejía.
El uso de la tortura era común —aun más que en la actualidad—: muchas veces sólo consistía en mostrar al reo la sala de tormento, los verdugos y los instrumentos de tortura. Con sólo mostrarlos se conseguían rápidas confesiones y delaciones. Desde este punto de vista, la crueldad inquisitorial era bastante relativa, pues las policías modernas suelen ser más crueles, pues aún obtenidas las confesiones se procede a denigrar y maltratar a los reos, con tal de inventar más declaraciones.
Además, los protestantes y los revolucionarios que han combatido a la Inquisición española, olvidan que fueron mucho más crueles que ella las establecidas por ellos; y los ejemplos de Rusia y de México prueban que cuando no existe la Inquisición en la Iglesia, continúa existiendo agravada, en los estados totalitarios.
Para concluir, quisiera anotar que El brujo de Autlán de Antonio Alatorre, reviste especial interés histórico no tanto por el peso específico del personaje principal, sino por su carácter de narración microhistórica: es no sólo la aproximación novelesca al alma de un pueblo y sus habitantes (su vivir cotidiano), sino una historia erudita y sutil del español que se hablaba en aquellos tiempos, que son los de Sor Juana Inés de la Cruz.
jueves, marzo 26, 2009
domingo, febrero 22, 2009
Acerca de lo limitado, en palabras de Zaid
(…) Hoy casi nada se relee, y lo que es peor: casi nada lo merece. Ojalá que el gran público se la pasara releyendo a los clásicos, aunque sólo una minoría leyese a los contemporáneos. ¿Cuál es la ventaja de consumir novedades insignificantes, en vez de volver con otros ojos a lo mismo? Paradójicamente, lo limitado puede enriquecer más que lo ilimitado. Volver una y otra vez a lo mismo (que no es lo mismo) es una experiencia sorprendente, cuando se trata de obras que resisten la repetición, que tienen algo que decir la segunda vez y la centésima.
Los clubes de lectura clásicos, como los que promueve la Great Books Foundations (inspirada por Mortimer Adler), transforman al lector. Años después de recibir un doctorado (dirigido por un premio Nobel), un miembro de estos clubes afirmaba que les debía más que al doctorado. Las constelaciones de grandes obras y la conversación con buenos lectores sirven para desarrollar la imaginación, la inteligencia, la sensibilidad; para orientarse y constituirse como personas, para ser felices y ser más.
“Clásicos y bestsellers” Gabriel Zaid, El secreto de la fama, México, Lumen, 2009, p. 91.
sábado, febrero 07, 2009
Tercer poemario publicado de Alex Ramírez: de lo mejor entre la asamblea inmensa de poetas mexicanos-

Simplemente, prodigioso. Junto con Ricardo Solís (prolífico y lúcido) poetas mexicanos sorprendentes por su calidad y porque ésta aún parece tenernos deparados aún mayores logros dada su juventud. De lo mejor en nuestro ámbito literario, sin duda. Me congratulo de ser de los privilegiados por leerlo, su obra merecería mayor atención. Transcribo a continuación un breve fragmento de este poemario de sugerente título (Oros siempre lejanos, ISC, Hermosillo, 2008), triunfador en el Concurso del Libro Sonorense 2007:
Era en la infancia,
fue en esa calle quemada por la luz del trino,
era la hora vaga de saberse tan nacido, en el rito
de jugar con uno mismo, sabiendo que
se vive desde siempre en otros ríos.
Poemario luminoso, como luminoso el Puerto de Guaymas donde el poeta vio la luz por vez primera en 1976. Comentario aparte merecería el prólogo de la poeta Lina Zerón fino análisis sensible de la rétórica y respiración poética de Ramírez, en las cuales en otro momento había reparado su compañero de generación, Ricardo Solís.
Ampliamente recomendable, este poemario ya en forma de libro acaba de caer en mis manos (antes incluso que en las manos del autor), y vale la pena una relectura atenta y acompasada, como el ritmo del mar.
sábado, enero 24, 2009
Conocer las palabras es conocer el pensamiento
Entrevista con Álex Grijelmo
por Ramón I. Martínez
Nada es el hombre sin la palabra, nada distinto de la piedra (Rosario Castellanos)
Figura destacada del periodismo cultural en el ámbito hispánico es Álex Grijelmo (Burgos, 1956). Entre sus obras se cuentan El estilo del periodista (Taurus, 1997), Defensa apasionada del idioma español (Taurus, 1998), La seducción de las palabras (Taurus, 2000), En la punta de la lengua (Aguilar, 2004), El genio del idioma (Taurus, 2005). Trabajó como redactor en el diario La voz de Castilla y luego en la agencia Europa Press; y durante dieciséis años en El País, donde ocupó diversos cargos en la Redacción y fue responsable de su libro de estilo. Después desempeñó la dirección periodística de los nuevos proyectos del grupo Prisa en prensa regional en España, y más tarde fue director general de Contenidos de Prisa Internacional, etapa en la que tuvo a su cargo medios informativos en México, Colombia, Panamá, Costa Rica, Chile, Bolivia, París y Miami. Desde junio de 2004 es el presidente de la agencia Efe.Un acercamiento serio a los estudios del idioma podría implicar cuando menos una de dos perspectivas, las dos igualmente valiosas: la de la élite especialista, que espera complejidad de los metalenguajes; dos, la del público general, que siente interés por su idioma y quiere conocerlo no por frivolidad, sino con pasión de enamorado. La primera perspectiva es indispensable para seguir con los avances del vital estudio de las lenguas. La segunda es necesaria para la verdadera educación del pueblo, la difusión y vulgarización de los conocimientos del especialista. Desde esta segunda perspectiva podríamos ubicar al prestigiado periodista español Álex Grijelmo: a través de sus amenísimos ensayos ha hecho las delicias de los enamorados del idioma español desde su más tierna infancia –la propia y la del idioma--, y de aquellos que han sido conquistados por las dulzuras de tan gratísima lengua aun no siendo la materna. Sobre estos aspectos conversamos con el prestigiado autor.
¿Cómo nace este amor de Grijelmo por las palabras, por su poder de seducción, en qué momento empieza a ser conciente de éste? ¿Antes de tomar la decisión de convertirse en periodista?
Empieza cuando decido ser periodista, durante mis estudios de secundaria. Desde entonces me he preocupado por todo lo que concierne a las palabras, porque entendía que iban a ser mi herramienta de trabajo. Comencé a ser consciente de su poder de seducción cuando, como profesional del periodismo, debí plantearme la elección de unos vocablos u otros para elaborar un titular, para iniciar una noticia... para atraer y enganchar a los lectores. Y se acentuó esa observación gracias al balcón privilegiado que tiene un periodista: escucha a los políticos, los economistas, los empresarios, los jueces, los informáticos, los sindicalistas... y se va dando cuenta de que ellos también eligen las palabras en su propio beneficio. Examinar después el lenguaje de la seducción en el amor, en la poesía o en la publicidad era ya una consecuencia lógica de todo eso, porque finalmente todas estas manipulaciones del pensamiento parten de técnicas comunes.
La cuestión de la defensa del idioma se nos presenta como asunto de integridad, de coherencia con el mundo que nos rodea, de facilitar la búsqueda de la verdad, ¿conviene usted en ello?
La defensa del idioma propio es sobre todo una afirmación de la herencia cultural que uno ha recibido. Creo que hay que defender nuestra lengua igual que defendemos los museos o las catedrales, o los ríos y los árboles. El idioma es el resultado de sumar millones y millones de inteligencias que han conformado la gramática, la sintaxis y el vocabulario, y el empobrecimiento que está sufriendo ahora el español lleva camino de conseguir lo que hasta ahora no había pasado: que entreguemos a las nuevas generaciones un idioma peor del que hemos recibido. Eso no quiere decir que una lengua no deba evolucionar: debe hacerlo para ser más precisa y hermosa; el problema es que esa supuesta "evolución" que pretenden algunos es sólo un deterioro.
Ud. comenta en su libro La seducción de las palabras que “Los demagogos para deformar los hechos incluso a costa de negar la evidencia.” ¿Cuál consideraría usted que es el futuro de la demagogia en nuestro ámbito hispánico? ¿Cuál considera que es la aportación de las palabras al avance de la democracia, si tal cosa puede existir?
La demagogia siempre tiene éxito con las carencias educativas de un pueblo, en "La seducción de las palabras" analizo esas "palabras grandes" que tanto usan los políticos populistas y que tanto éxito tienen entre las clases menos favorecidas. La cultura es la riqueza de los pobres, y gracias a ella pueden defenderse de las manipulaciones ajenas. Si no tienen eso, siempre serán dominados y utilizados. La aportación de las palabras al avance de la democracia está en su interior: en su historia, en sus etimologías; en que estudiemos de dónde vienen, qué significan cuando se pronuncian para la argumentación, qué quieren decir cuando se emplean para la persuasión y qué sentido tienen cuando se usan en la manipulación. Conocer las palabras es conocer el pensamiento. La riqueza de la lengua de cada uno es su propia riqueza intelectual; cuantas más palabras tenemos, mejor podemos razonar y mejor podemos defendernos de quienes nos mienten. Porque empezaremos por percibir sus engaños enseguida.
¿Considera que la seducción de las imágenes logre algún día sustituir a la seducción de las palabras? ¿Cómo considera que las nuevas tecnologías ayudan o perjudican al desarrollo de nuestro idioma español? ¿Empeorará esta situación descrita por Fernando Lázaro Carreter: “multitud de chicos, incluso universitarios, no entienden el lenguaje de sus profesores, son generaciones de jóvenes mudos, que emplean un lenguaje gestual, interjectivo y de empujón” porque se han quedado sin palabras, o limitados a la pobreza de su jerga?
La publicidad se basa hoy en día en imágenes, es cierto; pero necesita más que nada a las palabras. Al final, lo que recordamos es un mensaje publicitario, un lema, la frase repetida mil veces, el juego de palabras de una marca comercial. Y eso sólo se logra con el lenguaje. En cuanto a las nuevas tecnologías, la ponencia que presenté en el último Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Valladolid (España) el pasado octubre, sostiene que estamos deslumbrados ante lo que se cree un nuevo lenguaje; y que sin embargo no hay tal. Se trata de fenómenos lingüísticos que ya se han producido otras veces, cuando se inventó el ferrocarril, o la navegación aérea, cuando nos llegó el fútbol, cuando se inventaron los telegramas o la taquigrafía... Y nunca se cambió el idioma con eso. Yo creo que nuestras vidas no van a entrar en Internet, sino que Internet entrará en nuestras vidas. Y que las palabras de la vida real seguirán empleándose en la virtual, sin que se necesiten vocablos específicos para ello. No es casualidad que llamemos "teclado" al del ordenador, tomando la palabra de los pianos y luego de las máquinas de escribir. Los vocablos que ya existen se adaptarán a las nuevas tecnologías, como pasó con "andén", "estación", "traviesa", "carril" o "revisor"... que eran palabras previas al ferrocarril. No habrá un lenguaje de Internet como no hay un lenguaje de hablar por teléfono. Sí hubo un lenguaje de telegrama, pero jamás a nadie se le ocurrió hablar y escribir así en el resto de sus actividades. En que empeore o no la situación tendrán mucha responsabilidad los planes educativos en humanidades, y los periodistas con el lenguaje que transmiten.
¿Qué opinión le merece a usted la llamada “violencia de género”, y su influencia en el habla popular bajo la cual subyace (supuestamente) una ideología machista?
Para empezar, me parece lamentable la expresión "violencia de género". "Género" es un concepto que en español (a diferencia de lo que ocurre en inglés) define un concepto gramatical, no una diferencia sexual. Una mesa tiene género pero no tiene sexo. Hablar de "violencia de género" es como decir "violencia de participio" o "violencia de sustantivo". Y la violencia, por cierto, siempre será de género femenino, aunque la perpetren casi siempre los hombres. Como la policía o como la banca son de género femenino aunque en ellas manden también los hombres. Y como un harén se dice "en masculino" aunque lo formen sólo mujeres. Yo preferiría hablar de "violencia machista" o "violencia de los hombres"; o "violencia sexista" si se quiere. Tampoco entiendo por qué, puestos a emplear esa clonación del inglés, se dice "de género" y no "de género masculino". En fin, sí creo que en muchas expresiones subyace una ideología machista y que hay que acabar con ellas. Igual que con expresiones racistas como "le hizo una judiada", "esto es una gitanería", "fue una merienda de negros", "le engañaron como a un chino"... Me he referido ampliamente a estos dos fenómenos, el sexismo y del racismo lingüísticos, en los libros que he escrito.
viernes, noviembre 21, 2008
LAMENTABLE DECESO (la recordaremos siempre, todo nuestro corazón son sus deudos.)
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"Porque el silencio nos está matando."
Anabel Ochoa (española por nacimiento, mexicana por elección)
(A la izquierda: Anabel con su esposo el escritor Josu Iturbe, acompañados por su hermoso can que muchas veces escuchamos en cabina. Foto tomada de lajornada.com.mx)
Anabel Ochoa (española por nacimiento, mexicana por elección)
(A la izquierda: Anabel con su esposo el escritor Josu Iturbe, acompañados por su hermoso can que muchas veces escuchamos en cabina. Foto tomada de lajornada.com.mx)
Pocas personas tan cálidas, geniales, ingeniosas y amantes de la vida como Anabel Ochoa। Nadie como ella, tan digna de admiración, tan polifacética y fácil para escuchar con su profunda inteligencia. Escritora (de novelas, poemas y cuentos, no sólo sexología), actriz innata, viajera incansable, mujer de palabra oportuna y precisa.
Supe de ella por la radio y también por lo que mi esposa, Eve Gil, me comentaba luego de alguna de las muchas entrevistas que le hizo con motivo de sus libros en su momento promocional. En particular, era notoria su capacidad de gratitud y su generosidad.
Para Anabel Ochoa, sólo habrá amor y gratitud de quienes nos vimos sumamente beneficiados de su sabiduría y su maravillosa ironía a través de la radio.
Éste era su medio idóneo, donde podía explayarse en sus diálogos muchísimo más (mil veces más) de lo que lo hubiera permitido la TV con su castrante cortedad de tiempo medidísimo. Palabras más, palabras menos, Anabel reconoció esto en múltiples ocasiones en la 1260 AM ante nosotros, sus radioescuchas, que supimos apreciar su deslumbrante (mágica) capacidad de intercambio de ideas e inquietudes.
Un corazón abierto a la intemperie. Vivirá mientras vivamos.
Si alguien no le tuvo amor, será con seguridad porque no la conoció.
viernes, enero 18, 2008
Bobby Fischer ha muerto
REYKIAVIK, Islandia - Bobby Fischer, el brillante ex campeón de ajedrez que ganó fama mundial al quitarle el título mundial a la Unión Soviética durante la Guerra Fría, ha fallecido, informó uno de sus voceros. Tenía 64 años.Falleció en Islandia, donde residia
El portavoz de Fischer, Gardar Sverrisson, dijo que el ajedrecista falleció en un hospital de Reykiavik. No se divulgó de inmediato la causa del deceso.Fischer, quien nació en Estados Unidos pero renunció después a su ciudadanía, se mudó a Islandia en el 2005. El brillante ajedrecista, un crítico severo de su país, alcanzó la fama mundial en 1972, cuando se impuso al soviético Boris Spassky.Fischer, nacido en Chicago y criado en el barrio neoyorquino de Brooklyn, fue buscado por las autoridades estadounidenses, por jugar una partida de revancha contra Spassky en Yugoslavia, pese a las sanciones internacionales que pesaban sobre ese país.Fue campeón estadounidense de ajedrez a los 14 años y Gran Maestro a los 15, y se convirtió en un icono cuando destronó a Spassky, en una serie de partidas disputada en la capital de Islandia. Se consagró así como el primer campeón mundial estadounidense de ajedrez en más de un siglo.Pero su reputación como genio del ajedrez quedó eclipsada a los ojos de muchos por una serie de conflictos. Unos años después del duelo contra Spassky, renunció al título, cediéndolo a otro soviético, Anatoly Karpov, al negarse a defender la corona. Luego permaneció en el ostracismo, antes de aparecer para jugar la revancha de exhibición contra Spassky, en la isla-balneario de Sveti Stefan.Fischer ganó, pero se determinó que la partida infringió las sanciones estadounidenses impuestas a Slobodan Milosevic, entonces presidente de Yugoslavia.El ex campeón ruso de ajedrez Garry Kasparov dijo el viernes que el ascenso de Fischer en el mundo del ajedrez durante la década de 1960 fue un "hito revolucionario" para este juego. "La tragedia es que él dejó este mundo muy pronto, y su vida extravagante, así como sus declaraciones escandalosas, no contribuyeron a la popularidad del ajedrez", dijo Kasparov a The Associated Press.
lunes, enero 14, 2008
Ricardo Solís: Poética de la incertidumbre y el desasosiego, una retrospectiva
Publicado en Alforja, revista de poesía
"…es bueno descubrir un poeta que ya mira su oficio desde la duda fructífera y no la gozosa autocontemplación."
RS
En su célebre libro El hombre en búsqueda de sentido, nos dice Viktor Frankl: "la manera más segura de ser es el haber sido". Ricardo Solís (Navojoa, 1970) es un poeta mexicano que como pocos, a su edad, podría presumir de una ya amplia trayectoria de diez poemarios, los dos últimos de momento inéditos, pues han ganado recientemente importantes premios nacionales.
Pero nada más lejos de Solís que la presunción. Al revisar su obra, es posible reconocer la virtud de la humildad, entendida ésta no como retraimiento, sino como un despliegue impresionante de un oficio que –consciente de la connatural caducidad y limitación de la palabra humana– se afana en una particular lucha contra la muerte. Esta lucha –perdida de antemano por todos– es búsqueda de sentido en vías de apropiarse del mundo en un aprendizaje perpetuo, pues "aquel que cree saber algo en realidad no sabe nada".
La humildad (del latín humus: tierra, polvo) es fortaleza, pues nunca somos más fuertes que cuando reconocemos nuestras debilidades: no somos sino sombra y polvo que pasan. En la antítesis omnipresente de la muerte1, la forma poética ha logrado erigirse en movimiento eterno, paradójica forma de "haber sido" y, si fuera posible, "seguir siendo": trascender.
El presente texto pretende ser una revisión de la búsqueda de Ricardo Solís a través de su obra poética, la cual manifiesta que "la forma en sí misma no se cumple" (como dijera José Gorostiza). De cualquier manera, la búsqueda es el sentido final de la vida y de la propia obra poética. No importa tanto el fin del viaje sino el disfrute del mismo recorrido.
Haré por lo tanto un breve recorrido de estos poemarios iniciando con el más reciente para finalizar con el primero de ellos, en una retrospectiva que pretende dar idea de una de las voluntades poéticas más poderosas y perseverantes de este principio de siglo.
1. La luz abandonada. Con este poemario, Ricardo Solís ganó el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2006. Este libro está conformado por tres secciones, a saber: "Fuga del instante inacabado", "Lo que tal vez" y "Cubo de cenizas". Dice uno de los dos epígrafes que abre la obra "…se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio". (Roberto Juarroz), una clave de lectura
1 Cfr. Octavio Paz, La otra voz. Poesía y fin de siglo. .Barcelona, Seix Barral, 1990, p. 103.
1
que refleja un tópico ya asumido en el poemario Piel de lo posible, donde un epígrafe de E. M. Cioran nos previene: "Cada vez que pienso en lo esencial creo entreverlo en el silencio o en el estallido, en el estupor o en el grito. Nunca en la palabra". ¿Estamos ante un poeta de vanguardia? La pregunta (lo sé) puede sonar ridícula, pero es fácil reconocer en la trayectoria de Solís una doble crítica que ha caracterizado a la mayoría de las vanguardias artísticas: crítica del arte y crítica de la sociedad que lo ha producido. Esta dualidad que bien pudiera considerarse propia del artista moderno: la modernidad que se critica a sí misma, de donde surge "la otra voz" de la que nos habla Octavio Paz en su célebre ensayo homónimo:
2 Ídem, p. 68
Por la boca del poeta habla —subrayo: habla, no escribe— la otra voz. Es la voz del poeta trágico y la del bufón, la de la solitaria melancolía y la de la fiesta, es la risotada y el suspiro, la del abrazo de los amantes y la de Hamlet ante el cráneo, la voz del silencio y la del tumulto, loca sabiduría y cuerda locura, susurro de la confidencia en la alcoba y oleaje de multitud en la plaza. Oír esa voz es oír al tiempo mismo, el tiempo que pasa y que, no obstante, regresa vuelto unas cuantas sílabas cristalinas.2
El poeta, en consecuencia, antes de hablar ha de escuchar, estar atento a esa voz, que puede ser percibida, entre otras posibilidades, ante la naturaleza y sus manifestaciones, por ejemplo, ante la presencia del mar, como de algún modo nos lo recuerda el poema que abre La luz abandonada:
Frente al mar
La agonía frente al mar siempre es dichosa.
Francisco Hernández
Oigo el eco disuelto de la arena
que cae
como cualquier cosa
en el silencio.
No pido
absolutamente nada.
Quiero
sin embargo
una íntima frase que nadie recuerde
y cuya duración
sea tu presencia.
Por otra parte, el título del poemario bien alude a aquellos versos de Eduardo Lizalde: "La luz / no muere sola: / arrastra en su desastre / todo lo que ilumina. //Así el amor". Estamos, en definitiva, ante una poética que renuncia a toda certeza, para ponerlo lo posible en el marco de la duda fructífera, para que de la negación surja la vida.
2
2. Tonos de lo claro. Este poemario, de reciente publicación, fue distinguido con el Premio Nacional de "Poesía Ramón López Velarde" 2005. Está conformado por cuatro secciones: "Traspasos", "Nubes", "Variaciones" y "Cayendo", entre las cuales es posible encontrar una principal coincidencia: buscar antes los matices de lo (im)posible y su realización en el poema.
Porque el poeta, como un pequeño dios que proclamara Huidobro, no se conforma con lo existente sino que busca el ser que no es pero podría llegar a ser. Porque el poema suele ser la concreción de un intento de lo que bien pudo ser otro decir, la sed que necesita ser escuchada y que se niega a morir:
Cierta belleza
Duele si nada se dice.
Detesta la sombra
que apenas sabe oscurecer
con el paso de los días.
Odia el intento
y que a la vista llegue
una escritura sin respiro.
Aborrece mirar
la letra que no logra ser algo
sin el cuerpo.
(p. 30)
Buscar la mesura y la medida, ubicar la proporción. Porque, ya se ha dicho, no basta con hablar y hablar, pues también creen poseer una cosa cuando pueden hablar y hablan de ella. Pero esto no es cierto. No se tiene la cosa por el solo hecho de poder hablar y hablar, en efecto de ella. Las palabras no son sino palabras, y cuando se ven deslizarse ligera y ágilmente, el poeta sabe ponerse en guardia; y es entonces cuando el decir (y el no decir) duele.
3. Díada (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 2004). Al leer este poemario me es imposible no recordar aquellos célebres versos de César Vallejo: "y si al final de la palabra no persevera la palabra que más da/ de una vez que vengan los pájaros y se lo coman todo". Porque este libro persevera en la constante lucha por establecer una reflexión metapoética en torno a la trascendencia de lo que se dice, de lo que se escribe, de la validez de este oficio imperioso (humilde) que es el de ser un poeta sin mayores pretensiones que serlo.
¿Qué es la forma artística sino una manera o intento de trascendencia? Un esfuerzo (siempre fallido) por vencer a la muerte. La forma poética, al estar ligada al lenguaje, necesariamente está ligada a la caducidad de éste. Díada, el libro cuya aparición significa ante todo una dialéctica entre la forma (que aspira a perdurar) y la muerte. Una exaltación de la poesía que a sí misma se refleja.
De cualquier modo, en Ricardo Solís (poeta de sutiles matices) la conciencia literaria de esta paradoja que es la búsqueda de la trascendencia a través de la forma poética no da lugar al pesimismo estéril. Más bien, le permite el fértil pesimismo que tiende a la ironía como conciencia de la paradoja.
3
3 Para una distinción más detallada entre ironía y sátira, conviene leer a Elizabeth Sánchez Garay, Italo Calvino. Voluntad e ironía. Universidad Autónoma de Zacatecas-Fondo de Cultura Económica, México, 2000, pp. 59-95.
4 Pere Ballart, Eironeia. La figuración en el discurso irónico en el discurso literario moderno, Quaderns Crema, Barcelona, 1994, pp. 23-24.
En su ensayo Definiciones de territorios: lo cómico, expone Italo Calvino los motivos por los que utiliza la ironía y la sátira: mientras la última tiene como elementos centrales la burla y el moralismo –que implican un juicio de superioridad y una oposición por el objeto que repele–, la ironía desea destruir la univocidad de las representaciones y de los veredictos. Mientras la sátira implica una tesis, el convencimiento de poseer la verdad y la necesidad de ridiculizar lo que no se comparte, la ironía incluye al propio yo que ironiza, desea comprender al otro y tiende a destruir la egocéntrica visión que ofusca la reflexión crítica3. Señala Pere Ballart:
(...) no es necesario darle muchas vueltas al asunto para comprender que la ironía es una modalidad del pensamiento y del arte que emerge sobre todo en época de desazón espiritual, en las que dar explicación a la realidad se convierte en un propósito condenado al fracaso (...) Desde una perspectiva intelectual, si algo caracteriza a nuestro tiempo es la pérdida del sentido unívoco de lo real: la complejidad de nuestro mundo, las contradicciones, a menudo cruentas, entre las palabras y los hechos, abonan el que la literatura, por su excepcional capacidad mimética con respecto a las demás artes, se haya hecho eco como ninguna otra de la alienación, la distorsión, el absurdo que acechan a diario al conjunto de los hombres.4
"Algo habla/ desde el sucio milagro de la vida". Este verso de Ricardo Solís nos muestra la ironía que es conciencia de la paradoja: la aparente contradicción que se resuelve en la conciliación de opuestos como en una armonía.
En el pulimento esmerado de la imagen, en la textura verbal del ritmo conceptual, en el intenso ir y venir del diálogo interno, Solís va acercándose a las realidades que le apasionan a través de la poesía como un modo especial de conocimiento, de sentir y responder a la realidad, en versos donde lo que finalmente prevalece es el multífono logos de la metáfora sobre el unívoco logos de la razón que guía a la mayoría de las personas. Ricardo nos presenta la imagen como un cuestionamiento de las vivencias, como una serie de posibilidades antes que certezas, como una manera de afrontar la posibilidad de que ya no sea posible, de superar (o vivir) la soledad y la miseria de saberse hecho de antemano tanto para el abismo como para el encuentro.
Mensaje No mires lo que dejas en mi cuerpo. No desoigas la lengua navegando tu nombre. No sigas erguida en el centro de los gritos. No dejes tu yacer de pan desnudo en el rumor de los ojos. No permitas que el silencio se vuelva canción que desciende. No creas esa fibra suspendida para el beso del viento. No despojes de azúcar la palabra que circunda el velamen de la noche. No limpies el pálido resabio de sangre que cubre las fotografías. No rompas la calma donde naces como un fruto olvidado.
4
No olvides la luz de la impureza. No escuches lo que escribo.
(p. 110)
Paradójico, conciliación de opuestos (dialéctica) de donde nace una nueva armonía, como el arco y la lira a los que refiere Heráclito y que retoma Paz en uno de sus más famosos libros. El título de Díada parece aludir a este tipo de dualidades fecundas. ¿Y qué es, si no, el interno diálogo con la otra voz que sostiene Ricardo, esa voz otra distinta a la voz del mundo utilitario y pragmático, esa voz otra que parece ser la única salvación en un mundo donde toda proporción pretende desbocarse?
Por otra parte, el título Díada alude también a la bipartición formal de este poemario, el cual puede ser recorrido desde su "Lado ciego" (nombre de la primera mitad) hasta su "Como si" (nombre de la segunda mitad), dejándose envolver en la rara musicalidad de una palabra que se ilumina más en los signos que propone que en las certezas que evade. Signos claros de luz inclemente que no teme al amor, al olvido, a la muerte. "Lado ciego" de lo indecible que busca ser dicho, "Como si" realmente fuera posible otro destino para el poeta que la miseria y la soledad de iluminar desde los propios incendios.
4. Superficie sucesiva (FETA, México, 2002). Este libro, estructurado en dos secciones ("Intemperie", "Periferia"), se compone exclusivamente de poemas en prosa –excepto el primero y el último de la primera sección. Estos poemas en prosa poseen una característica experimental muy interesante: el único signo de puntuación que admiten es el punto final de cada texto. Y esta experimentación formal exige del poeta una habilidad sintáctica inusual, pues pese a la ausencia de puntuación el sentido de los textos no se oscurece ni se vuelve ambiguo, sino que se conserva una singular riqueza semántica donde las imágenes promueven la polisemia –siempre la metapoesía–. Esto, sin perder las múltiples riquezas rítmicas (preferentemente aliteraciones y asonancias) de esta prosa plena de ágiles concatenaciones donde no solamente se promueve la coordinación sino preferentemente la complejización (subordinación) de oraciones.
¿De dónde el título del libro? La respuesta está tal vez en las palabras del propio poeta:
X
El agua se renueva en el respiro del pez sabido apariencia rastro de colores forja del tamiz de espumas donde llega el sol para saber del hambre del ahogo de la humedad cautiva de los cuerpos que son sal que son cuencos de luz en lo profundo en lo indecible del mar cuando las naves (tan intrusas) descubren la zozobra como un rostro donde labran los astros otro rostro otro casi decir que hay un secreto una clara penumbra inencontrada otro casi saber que lo visto es apenas superficie.
(p. 21)
Si "lo visto es apenas superficie", ésta es "sucesiva" porque se trata de buscar la unidad en la diversidad de textos (semejantes) que integran el poema. El autor, prudente, se resigna a la imposibilidad del perfecto conocimiento y la absoluta originalidad, lo cual no lo absuelve (moderno Sísifo) de buscar (experimentar) la forma pues "El arte es voluntad de forma porque es voluntad de duración. Cuando una forma se desgasta o se convierte en fórmula, el poeta debe
5
5 O. Paz, op. cit., p. 103.
inventar otra. O encontrar una antigua y rehacerla: reinventarla"5. Así, la búsqueda es en sí misma un fin.
5. Piel de lo posible (incluido en el volumen colectivo La piel del desierto, UNAM, México, 2000). En este poemario persiste la idea de la incertidumbre, la renuncia a las certezas ("Eludir la sentencia / que se erige en fórmula para la luz"). Pese a ello (o quizá en consecuencia) la tercera y última parte de este conjunto de textos lleva por nombre precisamente "Simiente de luz". Es decir, no la luz florecida o tal vez ya dando frutos, sino simplemente eso: simiente. En tal contexto (¿paratexto?) es de celebrarse el irónico poema siguiente:
Autorretrato
Digo de mí que digo casa
si sus muebles al desuso esperan polvo
digo lo que dice el viento
como el árbol habla
digo como quien dice
soy esta misma piedra que usaron mis abuelos
digo lo sin decir
lo que la mosca
cuando busca su cuerpo en un estanque
(p. 97)
Al buscarse en su propio reflejo (en un estanque) el poeta se pierde (como la mosca). Ése es el principal riesgo de la gozosa autocomplacencia que el autor denuesta. Y el poema resulta irónico pues al asumir la personalidad ("máscara") del insecto, la voz poética toma fuerza pues reconoce su debilidad en el señalado riesgo.
El título de este poemario también refuerza la idea de renunciar a la certeza, pues no interesa tanto "lo que es" como "lo posible". Este insinuarse (sin afirmarse en falsas seguridades) permite (entre otros aciertos) poemas de gran sensualidad donde la tensión entre lo que se muestra y lo que se cubre provoca frecuentemente una extraña sensación de luz nueva.
6. El fuego dormido (La Voz de Sonora, Hermosillo, 2000). Porque el poema cobra vida sólo cuando es leído: nos lee y se deja leer, sin explicarnos por qué el significado de una palabra es siempre otra palabra, por qué el significado de una pasión siempre es otra pasión. El poema, libre de la historia y de la ideología nos sugiere más contextos para explicarnos a nosotros que los que nosotros somos capaces de proponer para explicarlo.
Porque el dinamismo universal de las cosas siempre avasalla al que se siente todopoderoso, sin dilucidar el para qué del nacer, crecer y morir en la misma oquedad de nuestros deseos; el para qué habría de volver a sus orígenes este fragmento de sinsentido que es como dijera Paz: "un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre". Sumergirse en la imagen sin preguntar por su realidad o irrealidad, no intentar ir más allá de su presencia instaurada por gracia del lenguaje.
Porque la armonía de contrarios se traduce en la imposibilidad de entrar en la soledad del
6
otro, sin abandonar nombres de lugares transformados por la maravilla del ojo atento, donde nadie es libre si no es yendo más allá de todo consuelo fácil, el fuego creciendo y decreciendo según medida, ya lo dijo Heráclito: "del fuego proceden todas las cosas, y el fuego, de todas, al igual que del oro las mercancías, y de las mercancías el oro".
El fuego dormido se instituye como un libro original, es decir, un libro que refiere necesariamente a los orígenes de la poesía y del mundo: la humanidad, o en última instancia, el individuo. ¿Dónde ubicar su nacimiento si no en los inasibles mundos interiores? Se es tan original como tan fiel a la propia condición mortal y a la conciencia de la vivacidad del relámpago.
"Suerte que mi herencia son sólo palabras, / inútiles banderas para el destierro interior". El fuego dormido está estructurado en tres secciones, a saber: "El fuego dormido", "Rocky Point poems" y "Segunda vuelta". Pero más que estructurado, sería más pertinente decir integrado: formando un todo compacto y organizado (fuego alternando entre subir y bajar al modo de un oleaje supeditado a las fases lunares y la impredicibilidad del viento) donde es posible encontrar varias constantes. La recurrencia a las imágenes precisas, las cuales tienen un funcionamiento más cercano al símbolo que a la alegoría. La concreción y economía del lenguaje, donde éste se convierte en fijación del instante, revaloración de significados donde la piedra y el fuego son algo más que palabras llanas.
La voz de Ricardo Solís en este poemario –donde el fuego siempre es latente esperanza del encuentro pleno, donde en el mismo tenor se elude el rebuscamiento propio de los anquilosados en retóricas de la afectación, donde la actitud humilde no es sólo virtud sino necesidad– se manifiesta como comunión y soledad, como destino y apertura, como cambio y permanencia, como fragua y artífice de un horizonte que nunca dejará de serlo.
7. Trapisonda (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 1998). Este poemario recibió el Premio del Libro Sonorense en 1998. De su título se infiere la intención lúdica que suele ser frecuente en la trayectoria de Ricardo Solís. Incluso el juego puede consistir en negar que lo propio sea –precisamente– un juego.
esto no es un juego
la simple gana de ser donde los niños
los árboles o el sol
no sepan de su nombre como signo
no señor
aquí pastamos en grupo
besamos la tierra de locos y tontos
a la usanza de los perros
primero la nariz
luego que se caiga el mundo
(p. 95)
Hay una fuerte conciencia del propio oficio, la cual se puede observar desde el primer poemario y se va reforzando al avanzar la trayectoria. Hasta qué punto hay conciencia de ello, se observa no sólo en los propios poemas, sino en cierta presentación que escribió para el primer libro de otro poeta sonorense, Alejandro A. Ramírez:
7
6 "Presentación" en Alejandro A. Ramírez, Las comuniones insólitas, Unison, Hermosillo, 1999 (poemario ganador del Primer Certamen Literario "Prof. Antonio G. Rivera" convocado por la Universidad de Sonora y el H. Ayuntamiento de Ures).
7 Antonio Carreño, La dialéctica de la identidad en la poesía contemporánea. Gredos, Madrid, 1982, pp. 14-15.
Se ha dicho hasta el cansancio que los poetas jóvenes suelen caer en distintas tentaciones extremistas; Sonora no es la excepción. Al lado del torpe lirismo de algunos, sobreviven la triste retórica gastada de la utopía y el no menos lamentable circo vacío de la pirotecnia léxica.6 (p. 5)
Se nota la búsqueda de evitar esos extremos desde el primer poemario, y se va alimentando el propio oficio al amparo de la duda, esa sabia consejera que protege de la soberbia. "¿Qué soy ante el poema? / ¿Qué tanto de la pregunta nos sirve?". No hay fe en las utopías (ni siquiera en la utopía revolucionaria, la cual, según palabras de Paz, ha muerto no por obra de una Santa Alianza, sino "de muerte natural").
8. Los peces todos (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 1997). Poemario ganador de los IV Juegos Trigales del Valle del Yaqui. La estrategia discursiva plantea el álbum familiar como autobiografía, donde la máscara al ocultar muestra más de lo que se calcula.
El término "máscara" posee un rico campo semántico. Sinónimo de careta, disfraz, de él se deriva "mascarar", equivalente a "tiznar", y "máscara" igual a "tizne"… Como instrumento teatral la describe Horacio en su Arte poética (...) (vers. 275-280) Persona y máscara vienen a ser, pues, en su acepción teatral, términos semánticamente equivalentes. Implican la exhibición de un nuevo rostro, a través de cuya boca (persona) resuena, ahuecada, la voz. También un fácil doblamiento de gestos, asumiéndose en el proceso, de acuerdo con Racine, múltiples y diferentes voces. Su medio es escénico; su fin, lúdico y simbólico.7
Lúdico y simbólico es el fin con que son aquí utilizadas las máscaras. Empecemos por el título, y recordemos que está tomado de un verso de Muerte sin fin de José Gorostiza ("peces del aire altísimo los hombres"); recuérdese también la gran carga filosófica (metafísica) de este monumental poema, donde el llamado "correlato poético" es vía de conocimiento. Pudiera afirmarse que en Los peces todos las máscaras funcionan como correlato poético donde el autor al reflejarse (y reflejar a los suyos) nos refleja. Este artificio es notorio desde una simple revisión de los nombres de las cinco secciones del poemario:
Los peces todos
Memoria de la casa materna
La soledad más próxima
Memoria del padre
De ciertos oficios
Memoria de los dos abuelos
Pajarismos
Memoria de las tres abuelas
Vieja canción
Memoria de la bisabuela
Al asumir su máscara, los personajes poéticos se nos revelan con mayor claridad a través
8
de lo selectivo que resulta la memoria poética, que bien puede ser concebida como "memoria del desasosiego".
9. El segundo libro de Solís, Ciclo del Can (Ediciones El Zapo / Revista Oasis, Hermosillo, 1996) contiene una recopilación de sus poemas escritos entre 1993 y 1996. De esta aparente voluntad fragmentaria nos dice –en la "Presentación"– el autor:
…este conjunto de pequeños textos no está organizado en virtud de conformar una unidad temática o de sentido que se justifique a partir de un determinado planteamiento formal (…) el único hilo conductor de esta compilación debe buscarse en la incipiente voluntad de estilo en el manejo del lenguaje que exhibe algunas constantes. (pp. 5-6)
De este libro nos dice también –en la contraportada– el poeta sonorense Alonso Vidal (1942-2006):
La palabra de un joven que ya está en plena posesión de un estilo propio y singular, más propio tal vez porque promete futuros crecimientos nada lejanos.
Curiosa oposición entre lo que dice mesuradamente el autor ("incipiente voluntad de estilo en el manejo del lenguaje que exhibe algunas constantes") y el entusiasmo un tanto desmedido del viejo Vidal. Prefiero fiarme más de la cautela del autor y no del triunfalismo (¿prematuro?) del amable reseñista. Entre las subrayadas "constantes" pudiera encontrarse la intención lúdica en la parte del poemario que da título al libro, retomando la figura del Can que ya había sido tratada en el primer libro del autor:
Y vio el Can que era bueno
y edificó un mundo a su imagen y semejanza
tierra fértil de signos divididos
y domingos de fiesta.
(p. 22)
¿Hasta donde es posible identificar al poeta con un perro? Es decir, no con un perro sino con "el Can": la esencia, el ser en sí, del que primero nos hablara Parménides. Pero, más que al ser señalado, es el motor inmóvil de Aristóteles que pone en movimiento al universo (otra vez el pequeño dios que exaltara Huidobro); o siendo tal vez un poco menos pretenciosos, ¿hasta que punto el poeta es más bien semejante a Diógenes, el cínico?
Cito el principio de uno de lo poemas más celebrados de este libro:
Deshielo
Mi dama quemó sus naves en el último desvelo.
Mi dama amó al frío como a sí misma,
gozó desnuda de su helado abrazo,
besó su blanca escarcha,
mintió con cada orgasmo entre la nieve.
Mi dama también tuvo,
9
mucho antes,
la barba del amor entre sus manos,
la melena y el bigote del odio,
la esperanza perdida entre navajas.
(p. 75)
10. El primer libro de Solís, Poesía nómada (Unison, Hermosillo, 1994), expresa desde su propio título una voluntad de tránsito continuo: no estacionarse en lo absoluto, relativizar en afanes lúdicos (y pelúdicos) aquello que espíritus timoratos toman como verdades eternas e incuestionables. Ya desde el epígrafe que abre el libro: "¿Sabéis lo que pienso de lo serio?" (Jean Cocteau), la sabiduría del poeta empieza por deconstruir, aunque no sea posible, tal vez una estabilidad posterior.
Y resbalamos en la palabra
descalzos
sin defensa.
(p.29)
¿Resbalan las palabras o quienes las pronunciamos? ¿Acaso no somos sino simples seres hechos de palabras, entre otros tipos de símbolos? Es frecuente que un escritor se arrepienta de su primer libro, pero si tomamos en cuenta la cuestionable (?) conseja de que "infancia es destino", la obra novel (inmadura en consecuencia, casi siempre) muestra la voracidad lectora y creativa que como una adicción progresiva y mortal no hace sino cundir con los años. Esto –claro– en el caso de un verdadero poeta.
Doy fe.
Día de muertos, Coyoacán, 2006
10
"…es bueno descubrir un poeta que ya mira su oficio desde la duda fructífera y no la gozosa autocontemplación."
RS
En su célebre libro El hombre en búsqueda de sentido, nos dice Viktor Frankl: "la manera más segura de ser es el haber sido". Ricardo Solís (Navojoa, 1970) es un poeta mexicano que como pocos, a su edad, podría presumir de una ya amplia trayectoria de diez poemarios, los dos últimos de momento inéditos, pues han ganado recientemente importantes premios nacionales.
Pero nada más lejos de Solís que la presunción. Al revisar su obra, es posible reconocer la virtud de la humildad, entendida ésta no como retraimiento, sino como un despliegue impresionante de un oficio que –consciente de la connatural caducidad y limitación de la palabra humana– se afana en una particular lucha contra la muerte. Esta lucha –perdida de antemano por todos– es búsqueda de sentido en vías de apropiarse del mundo en un aprendizaje perpetuo, pues "aquel que cree saber algo en realidad no sabe nada".
La humildad (del latín humus: tierra, polvo) es fortaleza, pues nunca somos más fuertes que cuando reconocemos nuestras debilidades: no somos sino sombra y polvo que pasan. En la antítesis omnipresente de la muerte1, la forma poética ha logrado erigirse en movimiento eterno, paradójica forma de "haber sido" y, si fuera posible, "seguir siendo": trascender.
El presente texto pretende ser una revisión de la búsqueda de Ricardo Solís a través de su obra poética, la cual manifiesta que "la forma en sí misma no se cumple" (como dijera José Gorostiza). De cualquier manera, la búsqueda es el sentido final de la vida y de la propia obra poética. No importa tanto el fin del viaje sino el disfrute del mismo recorrido.
Haré por lo tanto un breve recorrido de estos poemarios iniciando con el más reciente para finalizar con el primero de ellos, en una retrospectiva que pretende dar idea de una de las voluntades poéticas más poderosas y perseverantes de este principio de siglo.
1. La luz abandonada. Con este poemario, Ricardo Solís ganó el Premio Nacional de Poesía Tijuana 2006. Este libro está conformado por tres secciones, a saber: "Fuga del instante inacabado", "Lo que tal vez" y "Cubo de cenizas". Dice uno de los dos epígrafes que abre la obra "…se trata de abrir algo entre la palabra y el silencio". (Roberto Juarroz), una clave de lectura
1 Cfr. Octavio Paz, La otra voz. Poesía y fin de siglo. .Barcelona, Seix Barral, 1990, p. 103.
1
que refleja un tópico ya asumido en el poemario Piel de lo posible, donde un epígrafe de E. M. Cioran nos previene: "Cada vez que pienso en lo esencial creo entreverlo en el silencio o en el estallido, en el estupor o en el grito. Nunca en la palabra". ¿Estamos ante un poeta de vanguardia? La pregunta (lo sé) puede sonar ridícula, pero es fácil reconocer en la trayectoria de Solís una doble crítica que ha caracterizado a la mayoría de las vanguardias artísticas: crítica del arte y crítica de la sociedad que lo ha producido. Esta dualidad que bien pudiera considerarse propia del artista moderno: la modernidad que se critica a sí misma, de donde surge "la otra voz" de la que nos habla Octavio Paz en su célebre ensayo homónimo:
2 Ídem, p. 68
Por la boca del poeta habla —subrayo: habla, no escribe— la otra voz. Es la voz del poeta trágico y la del bufón, la de la solitaria melancolía y la de la fiesta, es la risotada y el suspiro, la del abrazo de los amantes y la de Hamlet ante el cráneo, la voz del silencio y la del tumulto, loca sabiduría y cuerda locura, susurro de la confidencia en la alcoba y oleaje de multitud en la plaza. Oír esa voz es oír al tiempo mismo, el tiempo que pasa y que, no obstante, regresa vuelto unas cuantas sílabas cristalinas.2
El poeta, en consecuencia, antes de hablar ha de escuchar, estar atento a esa voz, que puede ser percibida, entre otras posibilidades, ante la naturaleza y sus manifestaciones, por ejemplo, ante la presencia del mar, como de algún modo nos lo recuerda el poema que abre La luz abandonada:
Frente al mar
La agonía frente al mar siempre es dichosa.
Francisco Hernández
Oigo el eco disuelto de la arena
que cae
como cualquier cosa
en el silencio.
No pido
absolutamente nada.
Quiero
sin embargo
una íntima frase que nadie recuerde
y cuya duración
sea tu presencia.
Por otra parte, el título del poemario bien alude a aquellos versos de Eduardo Lizalde: "La luz / no muere sola: / arrastra en su desastre / todo lo que ilumina. //Así el amor". Estamos, en definitiva, ante una poética que renuncia a toda certeza, para ponerlo lo posible en el marco de la duda fructífera, para que de la negación surja la vida.
2
2. Tonos de lo claro. Este poemario, de reciente publicación, fue distinguido con el Premio Nacional de "Poesía Ramón López Velarde" 2005. Está conformado por cuatro secciones: "Traspasos", "Nubes", "Variaciones" y "Cayendo", entre las cuales es posible encontrar una principal coincidencia: buscar antes los matices de lo (im)posible y su realización en el poema.
Porque el poeta, como un pequeño dios que proclamara Huidobro, no se conforma con lo existente sino que busca el ser que no es pero podría llegar a ser. Porque el poema suele ser la concreción de un intento de lo que bien pudo ser otro decir, la sed que necesita ser escuchada y que se niega a morir:
Cierta belleza
Duele si nada se dice.
Detesta la sombra
que apenas sabe oscurecer
con el paso de los días.
Odia el intento
y que a la vista llegue
una escritura sin respiro.
Aborrece mirar
la letra que no logra ser algo
sin el cuerpo.
(p. 30)
Buscar la mesura y la medida, ubicar la proporción. Porque, ya se ha dicho, no basta con hablar y hablar, pues también creen poseer una cosa cuando pueden hablar y hablan de ella. Pero esto no es cierto. No se tiene la cosa por el solo hecho de poder hablar y hablar, en efecto de ella. Las palabras no son sino palabras, y cuando se ven deslizarse ligera y ágilmente, el poeta sabe ponerse en guardia; y es entonces cuando el decir (y el no decir) duele.
3. Díada (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 2004). Al leer este poemario me es imposible no recordar aquellos célebres versos de César Vallejo: "y si al final de la palabra no persevera la palabra que más da/ de una vez que vengan los pájaros y se lo coman todo". Porque este libro persevera en la constante lucha por establecer una reflexión metapoética en torno a la trascendencia de lo que se dice, de lo que se escribe, de la validez de este oficio imperioso (humilde) que es el de ser un poeta sin mayores pretensiones que serlo.
¿Qué es la forma artística sino una manera o intento de trascendencia? Un esfuerzo (siempre fallido) por vencer a la muerte. La forma poética, al estar ligada al lenguaje, necesariamente está ligada a la caducidad de éste. Díada, el libro cuya aparición significa ante todo una dialéctica entre la forma (que aspira a perdurar) y la muerte. Una exaltación de la poesía que a sí misma se refleja.
De cualquier modo, en Ricardo Solís (poeta de sutiles matices) la conciencia literaria de esta paradoja que es la búsqueda de la trascendencia a través de la forma poética no da lugar al pesimismo estéril. Más bien, le permite el fértil pesimismo que tiende a la ironía como conciencia de la paradoja.
3
3 Para una distinción más detallada entre ironía y sátira, conviene leer a Elizabeth Sánchez Garay, Italo Calvino. Voluntad e ironía. Universidad Autónoma de Zacatecas-Fondo de Cultura Económica, México, 2000, pp. 59-95.
4 Pere Ballart, Eironeia. La figuración en el discurso irónico en el discurso literario moderno, Quaderns Crema, Barcelona, 1994, pp. 23-24.
En su ensayo Definiciones de territorios: lo cómico, expone Italo Calvino los motivos por los que utiliza la ironía y la sátira: mientras la última tiene como elementos centrales la burla y el moralismo –que implican un juicio de superioridad y una oposición por el objeto que repele–, la ironía desea destruir la univocidad de las representaciones y de los veredictos. Mientras la sátira implica una tesis, el convencimiento de poseer la verdad y la necesidad de ridiculizar lo que no se comparte, la ironía incluye al propio yo que ironiza, desea comprender al otro y tiende a destruir la egocéntrica visión que ofusca la reflexión crítica3. Señala Pere Ballart:
(...) no es necesario darle muchas vueltas al asunto para comprender que la ironía es una modalidad del pensamiento y del arte que emerge sobre todo en época de desazón espiritual, en las que dar explicación a la realidad se convierte en un propósito condenado al fracaso (...) Desde una perspectiva intelectual, si algo caracteriza a nuestro tiempo es la pérdida del sentido unívoco de lo real: la complejidad de nuestro mundo, las contradicciones, a menudo cruentas, entre las palabras y los hechos, abonan el que la literatura, por su excepcional capacidad mimética con respecto a las demás artes, se haya hecho eco como ninguna otra de la alienación, la distorsión, el absurdo que acechan a diario al conjunto de los hombres.4
"Algo habla/ desde el sucio milagro de la vida". Este verso de Ricardo Solís nos muestra la ironía que es conciencia de la paradoja: la aparente contradicción que se resuelve en la conciliación de opuestos como en una armonía.
En el pulimento esmerado de la imagen, en la textura verbal del ritmo conceptual, en el intenso ir y venir del diálogo interno, Solís va acercándose a las realidades que le apasionan a través de la poesía como un modo especial de conocimiento, de sentir y responder a la realidad, en versos donde lo que finalmente prevalece es el multífono logos de la metáfora sobre el unívoco logos de la razón que guía a la mayoría de las personas. Ricardo nos presenta la imagen como un cuestionamiento de las vivencias, como una serie de posibilidades antes que certezas, como una manera de afrontar la posibilidad de que ya no sea posible, de superar (o vivir) la soledad y la miseria de saberse hecho de antemano tanto para el abismo como para el encuentro.
Mensaje No mires lo que dejas en mi cuerpo. No desoigas la lengua navegando tu nombre. No sigas erguida en el centro de los gritos. No dejes tu yacer de pan desnudo en el rumor de los ojos. No permitas que el silencio se vuelva canción que desciende. No creas esa fibra suspendida para el beso del viento. No despojes de azúcar la palabra que circunda el velamen de la noche. No limpies el pálido resabio de sangre que cubre las fotografías. No rompas la calma donde naces como un fruto olvidado.
4
No olvides la luz de la impureza. No escuches lo que escribo.
(p. 110)
Paradójico, conciliación de opuestos (dialéctica) de donde nace una nueva armonía, como el arco y la lira a los que refiere Heráclito y que retoma Paz en uno de sus más famosos libros. El título de Díada parece aludir a este tipo de dualidades fecundas. ¿Y qué es, si no, el interno diálogo con la otra voz que sostiene Ricardo, esa voz otra distinta a la voz del mundo utilitario y pragmático, esa voz otra que parece ser la única salvación en un mundo donde toda proporción pretende desbocarse?
Por otra parte, el título Díada alude también a la bipartición formal de este poemario, el cual puede ser recorrido desde su "Lado ciego" (nombre de la primera mitad) hasta su "Como si" (nombre de la segunda mitad), dejándose envolver en la rara musicalidad de una palabra que se ilumina más en los signos que propone que en las certezas que evade. Signos claros de luz inclemente que no teme al amor, al olvido, a la muerte. "Lado ciego" de lo indecible que busca ser dicho, "Como si" realmente fuera posible otro destino para el poeta que la miseria y la soledad de iluminar desde los propios incendios.
4. Superficie sucesiva (FETA, México, 2002). Este libro, estructurado en dos secciones ("Intemperie", "Periferia"), se compone exclusivamente de poemas en prosa –excepto el primero y el último de la primera sección. Estos poemas en prosa poseen una característica experimental muy interesante: el único signo de puntuación que admiten es el punto final de cada texto. Y esta experimentación formal exige del poeta una habilidad sintáctica inusual, pues pese a la ausencia de puntuación el sentido de los textos no se oscurece ni se vuelve ambiguo, sino que se conserva una singular riqueza semántica donde las imágenes promueven la polisemia –siempre la metapoesía–. Esto, sin perder las múltiples riquezas rítmicas (preferentemente aliteraciones y asonancias) de esta prosa plena de ágiles concatenaciones donde no solamente se promueve la coordinación sino preferentemente la complejización (subordinación) de oraciones.
¿De dónde el título del libro? La respuesta está tal vez en las palabras del propio poeta:
X
El agua se renueva en el respiro del pez sabido apariencia rastro de colores forja del tamiz de espumas donde llega el sol para saber del hambre del ahogo de la humedad cautiva de los cuerpos que son sal que son cuencos de luz en lo profundo en lo indecible del mar cuando las naves (tan intrusas) descubren la zozobra como un rostro donde labran los astros otro rostro otro casi decir que hay un secreto una clara penumbra inencontrada otro casi saber que lo visto es apenas superficie.
(p. 21)
Si "lo visto es apenas superficie", ésta es "sucesiva" porque se trata de buscar la unidad en la diversidad de textos (semejantes) que integran el poema. El autor, prudente, se resigna a la imposibilidad del perfecto conocimiento y la absoluta originalidad, lo cual no lo absuelve (moderno Sísifo) de buscar (experimentar) la forma pues "El arte es voluntad de forma porque es voluntad de duración. Cuando una forma se desgasta o se convierte en fórmula, el poeta debe
5
5 O. Paz, op. cit., p. 103.
inventar otra. O encontrar una antigua y rehacerla: reinventarla"5. Así, la búsqueda es en sí misma un fin.
5. Piel de lo posible (incluido en el volumen colectivo La piel del desierto, UNAM, México, 2000). En este poemario persiste la idea de la incertidumbre, la renuncia a las certezas ("Eludir la sentencia / que se erige en fórmula para la luz"). Pese a ello (o quizá en consecuencia) la tercera y última parte de este conjunto de textos lleva por nombre precisamente "Simiente de luz". Es decir, no la luz florecida o tal vez ya dando frutos, sino simplemente eso: simiente. En tal contexto (¿paratexto?) es de celebrarse el irónico poema siguiente:
Autorretrato
Digo de mí que digo casa
si sus muebles al desuso esperan polvo
digo lo que dice el viento
como el árbol habla
digo como quien dice
soy esta misma piedra que usaron mis abuelos
digo lo sin decir
lo que la mosca
cuando busca su cuerpo en un estanque
(p. 97)
Al buscarse en su propio reflejo (en un estanque) el poeta se pierde (como la mosca). Ése es el principal riesgo de la gozosa autocomplacencia que el autor denuesta. Y el poema resulta irónico pues al asumir la personalidad ("máscara") del insecto, la voz poética toma fuerza pues reconoce su debilidad en el señalado riesgo.
El título de este poemario también refuerza la idea de renunciar a la certeza, pues no interesa tanto "lo que es" como "lo posible". Este insinuarse (sin afirmarse en falsas seguridades) permite (entre otros aciertos) poemas de gran sensualidad donde la tensión entre lo que se muestra y lo que se cubre provoca frecuentemente una extraña sensación de luz nueva.
6. El fuego dormido (La Voz de Sonora, Hermosillo, 2000). Porque el poema cobra vida sólo cuando es leído: nos lee y se deja leer, sin explicarnos por qué el significado de una palabra es siempre otra palabra, por qué el significado de una pasión siempre es otra pasión. El poema, libre de la historia y de la ideología nos sugiere más contextos para explicarnos a nosotros que los que nosotros somos capaces de proponer para explicarlo.
Porque el dinamismo universal de las cosas siempre avasalla al que se siente todopoderoso, sin dilucidar el para qué del nacer, crecer y morir en la misma oquedad de nuestros deseos; el para qué habría de volver a sus orígenes este fragmento de sinsentido que es como dijera Paz: "un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre". Sumergirse en la imagen sin preguntar por su realidad o irrealidad, no intentar ir más allá de su presencia instaurada por gracia del lenguaje.
Porque la armonía de contrarios se traduce en la imposibilidad de entrar en la soledad del
6
otro, sin abandonar nombres de lugares transformados por la maravilla del ojo atento, donde nadie es libre si no es yendo más allá de todo consuelo fácil, el fuego creciendo y decreciendo según medida, ya lo dijo Heráclito: "del fuego proceden todas las cosas, y el fuego, de todas, al igual que del oro las mercancías, y de las mercancías el oro".
El fuego dormido se instituye como un libro original, es decir, un libro que refiere necesariamente a los orígenes de la poesía y del mundo: la humanidad, o en última instancia, el individuo. ¿Dónde ubicar su nacimiento si no en los inasibles mundos interiores? Se es tan original como tan fiel a la propia condición mortal y a la conciencia de la vivacidad del relámpago.
"Suerte que mi herencia son sólo palabras, / inútiles banderas para el destierro interior". El fuego dormido está estructurado en tres secciones, a saber: "El fuego dormido", "Rocky Point poems" y "Segunda vuelta". Pero más que estructurado, sería más pertinente decir integrado: formando un todo compacto y organizado (fuego alternando entre subir y bajar al modo de un oleaje supeditado a las fases lunares y la impredicibilidad del viento) donde es posible encontrar varias constantes. La recurrencia a las imágenes precisas, las cuales tienen un funcionamiento más cercano al símbolo que a la alegoría. La concreción y economía del lenguaje, donde éste se convierte en fijación del instante, revaloración de significados donde la piedra y el fuego son algo más que palabras llanas.
La voz de Ricardo Solís en este poemario –donde el fuego siempre es latente esperanza del encuentro pleno, donde en el mismo tenor se elude el rebuscamiento propio de los anquilosados en retóricas de la afectación, donde la actitud humilde no es sólo virtud sino necesidad– se manifiesta como comunión y soledad, como destino y apertura, como cambio y permanencia, como fragua y artífice de un horizonte que nunca dejará de serlo.
7. Trapisonda (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 1998). Este poemario recibió el Premio del Libro Sonorense en 1998. De su título se infiere la intención lúdica que suele ser frecuente en la trayectoria de Ricardo Solís. Incluso el juego puede consistir en negar que lo propio sea –precisamente– un juego.
esto no es un juego
la simple gana de ser donde los niños
los árboles o el sol
no sepan de su nombre como signo
no señor
aquí pastamos en grupo
besamos la tierra de locos y tontos
a la usanza de los perros
primero la nariz
luego que se caiga el mundo
(p. 95)
Hay una fuerte conciencia del propio oficio, la cual se puede observar desde el primer poemario y se va reforzando al avanzar la trayectoria. Hasta qué punto hay conciencia de ello, se observa no sólo en los propios poemas, sino en cierta presentación que escribió para el primer libro de otro poeta sonorense, Alejandro A. Ramírez:
7
6 "Presentación" en Alejandro A. Ramírez, Las comuniones insólitas, Unison, Hermosillo, 1999 (poemario ganador del Primer Certamen Literario "Prof. Antonio G. Rivera" convocado por la Universidad de Sonora y el H. Ayuntamiento de Ures).
7 Antonio Carreño, La dialéctica de la identidad en la poesía contemporánea. Gredos, Madrid, 1982, pp. 14-15.
Se ha dicho hasta el cansancio que los poetas jóvenes suelen caer en distintas tentaciones extremistas; Sonora no es la excepción. Al lado del torpe lirismo de algunos, sobreviven la triste retórica gastada de la utopía y el no menos lamentable circo vacío de la pirotecnia léxica.6 (p. 5)
Se nota la búsqueda de evitar esos extremos desde el primer poemario, y se va alimentando el propio oficio al amparo de la duda, esa sabia consejera que protege de la soberbia. "¿Qué soy ante el poema? / ¿Qué tanto de la pregunta nos sirve?". No hay fe en las utopías (ni siquiera en la utopía revolucionaria, la cual, según palabras de Paz, ha muerto no por obra de una Santa Alianza, sino "de muerte natural").
8. Los peces todos (Instituto Sonorense de Cultura, Hermosillo, 1997). Poemario ganador de los IV Juegos Trigales del Valle del Yaqui. La estrategia discursiva plantea el álbum familiar como autobiografía, donde la máscara al ocultar muestra más de lo que se calcula.
El término "máscara" posee un rico campo semántico. Sinónimo de careta, disfraz, de él se deriva "mascarar", equivalente a "tiznar", y "máscara" igual a "tizne"… Como instrumento teatral la describe Horacio en su Arte poética (...) (vers. 275-280) Persona y máscara vienen a ser, pues, en su acepción teatral, términos semánticamente equivalentes. Implican la exhibición de un nuevo rostro, a través de cuya boca (persona) resuena, ahuecada, la voz. También un fácil doblamiento de gestos, asumiéndose en el proceso, de acuerdo con Racine, múltiples y diferentes voces. Su medio es escénico; su fin, lúdico y simbólico.7
Lúdico y simbólico es el fin con que son aquí utilizadas las máscaras. Empecemos por el título, y recordemos que está tomado de un verso de Muerte sin fin de José Gorostiza ("peces del aire altísimo los hombres"); recuérdese también la gran carga filosófica (metafísica) de este monumental poema, donde el llamado "correlato poético" es vía de conocimiento. Pudiera afirmarse que en Los peces todos las máscaras funcionan como correlato poético donde el autor al reflejarse (y reflejar a los suyos) nos refleja. Este artificio es notorio desde una simple revisión de los nombres de las cinco secciones del poemario:
Los peces todos
Memoria de la casa materna
La soledad más próxima
Memoria del padre
De ciertos oficios
Memoria de los dos abuelos
Pajarismos
Memoria de las tres abuelas
Vieja canción
Memoria de la bisabuela
Al asumir su máscara, los personajes poéticos se nos revelan con mayor claridad a través
8
de lo selectivo que resulta la memoria poética, que bien puede ser concebida como "memoria del desasosiego".
9. El segundo libro de Solís, Ciclo del Can (Ediciones El Zapo / Revista Oasis, Hermosillo, 1996) contiene una recopilación de sus poemas escritos entre 1993 y 1996. De esta aparente voluntad fragmentaria nos dice –en la "Presentación"– el autor:
…este conjunto de pequeños textos no está organizado en virtud de conformar una unidad temática o de sentido que se justifique a partir de un determinado planteamiento formal (…) el único hilo conductor de esta compilación debe buscarse en la incipiente voluntad de estilo en el manejo del lenguaje que exhibe algunas constantes. (pp. 5-6)
De este libro nos dice también –en la contraportada– el poeta sonorense Alonso Vidal (1942-2006):
La palabra de un joven que ya está en plena posesión de un estilo propio y singular, más propio tal vez porque promete futuros crecimientos nada lejanos.
Curiosa oposición entre lo que dice mesuradamente el autor ("incipiente voluntad de estilo en el manejo del lenguaje que exhibe algunas constantes") y el entusiasmo un tanto desmedido del viejo Vidal. Prefiero fiarme más de la cautela del autor y no del triunfalismo (¿prematuro?) del amable reseñista. Entre las subrayadas "constantes" pudiera encontrarse la intención lúdica en la parte del poemario que da título al libro, retomando la figura del Can que ya había sido tratada en el primer libro del autor:
Y vio el Can que era bueno
y edificó un mundo a su imagen y semejanza
tierra fértil de signos divididos
y domingos de fiesta.
(p. 22)
¿Hasta donde es posible identificar al poeta con un perro? Es decir, no con un perro sino con "el Can": la esencia, el ser en sí, del que primero nos hablara Parménides. Pero, más que al ser señalado, es el motor inmóvil de Aristóteles que pone en movimiento al universo (otra vez el pequeño dios que exaltara Huidobro); o siendo tal vez un poco menos pretenciosos, ¿hasta que punto el poeta es más bien semejante a Diógenes, el cínico?
Cito el principio de uno de lo poemas más celebrados de este libro:
Deshielo
Mi dama quemó sus naves en el último desvelo.
Mi dama amó al frío como a sí misma,
gozó desnuda de su helado abrazo,
besó su blanca escarcha,
mintió con cada orgasmo entre la nieve.
Mi dama también tuvo,
9
mucho antes,
la barba del amor entre sus manos,
la melena y el bigote del odio,
la esperanza perdida entre navajas.
(p. 75)
10. El primer libro de Solís, Poesía nómada (Unison, Hermosillo, 1994), expresa desde su propio título una voluntad de tránsito continuo: no estacionarse en lo absoluto, relativizar en afanes lúdicos (y pelúdicos) aquello que espíritus timoratos toman como verdades eternas e incuestionables. Ya desde el epígrafe que abre el libro: "¿Sabéis lo que pienso de lo serio?" (Jean Cocteau), la sabiduría del poeta empieza por deconstruir, aunque no sea posible, tal vez una estabilidad posterior.
Y resbalamos en la palabra
descalzos
sin defensa.
(p.29)
¿Resbalan las palabras o quienes las pronunciamos? ¿Acaso no somos sino simples seres hechos de palabras, entre otros tipos de símbolos? Es frecuente que un escritor se arrepienta de su primer libro, pero si tomamos en cuenta la cuestionable (?) conseja de que "infancia es destino", la obra novel (inmadura en consecuencia, casi siempre) muestra la voracidad lectora y creativa que como una adicción progresiva y mortal no hace sino cundir con los años. Esto –claro– en el caso de un verdadero poeta.
Doy fe.
Día de muertos, Coyoacán, 2006
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martes, octubre 23, 2007
Visionario
Sus mejillas se habían secado ya y su voz era seria. El joven se estacionó y ella salió del coche. La vio desaparecer en el edificio, pensando con una terrible satisfacción que la chica se convertiría pronto en un ogro adulto --falsa inteligencia, emociones falsas, la máxima eficiencia, todo actuando para producir una dominante y quisquillosa doctora en filosofía.
Flannery O´Connor, "Las fiestas de Partridge"
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